Marina
Camino por el sendero de grava que lleva al extremo del jardín. Federico me espera apoyado contra la verja de hierro. Lleva unas gafas oscuras aunque ya casi no hay sol. No sé si me fastidia su actitud relajada o si la envidio.
—Pensé que no ibas a venir —dice, sin moverse.
—No tenía otra opción.—digo y estoy por agregar algo más cuando él me interrumpoe.
—¿Qué demonios te ha pasado en el rostro?
No puedo evitar hacer una mueca porque de hecho e intentado cubrir la marca morada pero sigue