Marina
La frase queda suspendida en el aire como una bomba de tiempo:
—Haz lo que quieras, Montenegro.
Salvador no dice nada. Su mirada arde, intensa, desbordada. Luego da un paso atrás, gira sobre sus talones y se marcha sin una sola palabra. Escucho sus pasos subir por la escalera hasta desaparecer.
IDIOTA. IDIOTA. MIL VECES IDIOTA.
¿Cómo demonios se me ha ocurrido decirle tremenda estupidez?
Es que no entiendo qué demonios es lo que me está pasando, lo que debía hacer fue mandarlo a volar, de