Marina
El grito ahogado de Daniel me despierta. Estoy empapada en sudor, jadeando, con el corazón golpeando frenéticamente contra mi pecho. Me toma un segundo recordar dónde estoy. La mansión. Mi cuarto. No fue real… pero se sintió como si lo fuera.
Me llevo las manos al rostro. No puedo seguir así.
En el sueño, Daniel me llamaba, su voz desesperada, pidiendo ayuda. Luego desaparecía, y todo lo que me quedaba era su grito y el sonido de una puerta cerrándose. Me levanto lentamente, con el cuerpo