Salvador
Mis ojos están fijos en Renata, la rabia está bullendo dentro de mí mientras la veo sonreírme con esa frescura. Cómo si no hubiese pasado absolutamente nada.
Y además ¿Tontito? Qué demonios es esa m****a.
Hastiado de la situación, la tomo del brazo y nos hago salir de la cocina, directo hacia mi estudio, cuándo entramos cierre la puerta y me giro hacia ella que me está viendo confundida. Cómo si no entendiera mi actitud.
Eso me cabrea mucho más.
—Renata son las cinco de la tarde, has es