Salvador
La mañana avanza con una lentitud irritante.
Han pasado ya cinco días desde que Beatriz pasó a nuestro bando, por suerte el abuelo no ha planeado más reuniones con inversionistas, aunque si he tenido que auntarlo a diario en la empresa.
Afuera, el cielo está gris, como si la ciudad estuviera conteniendo la respiración igual que nosotros.
Estoy en la cocina, con Alex sentado frente a mí, ambos revisando una serie de imágenes borrosas que descargamos anoche de la memorrio que nos entrego