Salvador
Despertar con Marina en mis brazos nunca va a dejar de sentirse como mi momento de paz. Es como si ella fuera un refugio, un lugar seguro, aún cuando ahora mismo sé que yo debería serlo para ella.
La observo dormir por unos minutos, con su rostro relajado y su cuerpo enredado con el mío, como si estuviéramos hechos para encajar así.
Pero entonces su ceño se frunce y su cuerpo tiembla un poco. Una pesadilla. Probablemente reviviendo la conversación con Meyer, la maldita revelación que