Marina
Salvador se queda paralizado al escucgarme.
Parpadea. Parece que no entiende del todo. Así que acerco mi mano a su rostro, lo acaricio, lo miro como si pudiera decirlo todo sin palabras.
—La bebida puede acabarse mañana, el mundo también. Pero yo… yo quiero esto. Quiero a ti. Ahora.
Sus ojos se oscurecen. Su mano cubre la mía. Su aliento se vuelve más pesado.
—¿Estás segura? No quiero aprovecharme que estés vulnerable, nena. Puedo esperar, lo haría toda una vida si me lo pidieras.
Oh am