Capítulo 16
El sol de la mañana apenas alcanzaba a colarse por los grandes ventanales de la oficina de Roma William, tiñendo el espacio de un dorado elegante, casi solemne. El aroma del café recién hecho aún flotaba en el aire, mezclado con el leve perfume a madera de los muebles nuevos. Roma estaba sentada detrás de su escritorio, con la vista fija en unos documentos que repasaba sin realmente leerlos. Sus ojos seguían las letras, pero su mente estaba lejos, atada a los recuerdos imparables d