Capítulo 48
Roma entró a la oficina de Magnus sin pronunciar palabra, con la espalda rígida y la cabeza alta como una reina que acaba de sobrevivir a una emboscada. Él cerró la puerta detrás de ellos con un golpe firme, pero controlado. Lo que él sentía en ese momento no era enojo; sino urgencia. La necesidad de mirar a Roma sin espectadores, sin cuchillos ajenos apuntando a lo que estaban construyendo a pesar de todo.
La luz del ventanal iluminaba el rostro de Roma, resaltando ese gesto suyo, tenso y frío que solo aparecía cuando la traicionaban o cuando algo no era lo que ella esperaba. Magnus sabía reconocer ese brillo en sus ojos debido a su carácter y a lo mucho que la ha ido conociendo hasta ahora. Sin embargo, él se acercó lentamente hacia ella sin invadir su espacio, como calculando hasta que punto podría llegar.
— Roma… — empezó a decir, pero la voz de ella lo interrumpió.
— Quiero la verdad, Magnus — dijo con la voz afilada, sin necesidad de elevarla — Quiero saber quien es