Capítulo 48
Roma entró a la oficina de Magnus sin pronunciar palabra, con la espalda rígida y la cabeza alta como una reina que acaba de sobrevivir a una emboscada. Él cerró la puerta detrás de ellos con un golpe firme, pero controlado. Lo que él sentía en ese momento no era enojo; sino urgencia. La necesidad de mirar a Roma sin espectadores, sin cuchillos ajenos apuntando a lo que estaban construyendo a pesar de todo.
La luz del ventanal iluminaba el rostro de Roma, resaltando ese gesto suyo,