La marca invisible de él

Capítulo 49

Roma se encontraba sola en su habitación, con la puerta cerrada y el silencio cómplice con el perfume de Magnus todavía pegado en su piel. Ella aún se tocaba los labios recordando lo último que él le dijo en la oficina después de aquel beso, ese murmullo grave que la dejó temblando como una hoja en verano.

Magnus, con su boca en su cuello, le transmitía su calor y deseo.

— ¿Sabes lo que hiciste cuando dijiste eso? ¿Cuándo me llamaste tu futuro marido? Lo dije mil veces en mi cabeza
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