La marca invisible de él

Capítulo 49

Roma se encontraba sola en su habitación, con la puerta cerrada y el silencio cómplice con el perfume de Magnus todavía pegado en su piel. Ella aún se tocaba los labios recordando lo último que él le dijo en la oficina después de aquel beso, ese murmullo grave que la dejó temblando como una hoja en verano.

Magnus, con su boca en su cuello, le transmitía su calor y deseo.

— ¿Sabes lo que hiciste cuando dijiste eso? ¿Cuándo me llamaste tu futuro marido? Lo dije mil veces en mi cabeza, pero escucharlo de ti fue distinto.

Ella se muerde el labio una vez más, con la imagen quemándole el vientre por el calor que la invadía. Así que para tratar de calmar sus ansias, Roma entra a su baño, abre la llave de la tina, y mientras el agua cae, ve su reflejo en el espejo sin evitar poder sonreír.

Una vez dentro del agua, ella toma la esponja la cual está llena de sus aceites esenciales y la pasa por sus hombros, sus brazos, además de sus muslos. Lo hace de manera lenta, como si los rec
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