La mentira que quiso romperla

Capítulo 47

Roma entró a su oficina con el mismo aplomo con el que una reina atraviesa una sala llena de enemigos. Esa era la fachada de ese día, aunque por dentro, la noche anterior le seguía latiendo entre las costillas como un tambor suave y peligroso.

Su computadora brillaba con el mismo documento que había dejado abierto desde que llegó, pero las letras parecían bailar frente a sus ojos. Ni los reportes, ni los gráficos, ni las metas del trimestre tenían forma concreta en su cabeza y todo estaba borroso. La única imagen nítida era la de Magnus… sentado con ella en su regazo, con sus dedos rodeándole la espalda, además de su voz baja y cálida recordándole que no estaba sola. Esa mezcla de deseo contenido y vulnerabilidad compartida, más el calor de su piel pegado al de ella, la hacían flotar en una nube.

Roma trató de tomar su café para distraerse, pero ni la cafeína pudo rescatarla de sí misma. Cada sorbo era un recordatorio del peso en su pecho, de esa sensación de estar un poco
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