Capítulo 47
Roma entró a su oficina con el mismo aplomo con el que una reina atraviesa una sala llena de enemigos. Esa era la fachada de ese día, aunque por dentro, la noche anterior le seguía latiendo entre las costillas como un tambor suave y peligroso.
Su computadora brillaba con el mismo documento que había dejado abierto desde que llegó, pero las letras parecían bailar frente a sus ojos. Ni los reportes, ni los gráficos, ni las metas del trimestre tenían forma concreta en su cabeza y todo