AIDAN
Cuando Lois salió por esa puerta, el colgante quemó en mi pecho, la habitación pareció volverse más y más pequeña, hasta que pareció calentarse. Sus ojos se detuvieron en Emmanuel y también en mí, Viviana tiró de mi brazo y él la tomó a ella, besándola como si le perteneciera.
Le pertenecía.
Les pertenecía.
—Quizás debamos salir.—Le dije a Viviana cuando aquella escena se volvió incómoda.
—Sí, salgamos un momento antes de que se desnuden y comiencen a tener sexo delante de nosotros. Por l