Aidan
Despierto.
La sangre gotea de mi cuerpo, un río rojo y negro que mancha la tierra verde y pulsante del claro. Las espadas invisibles me han atravesado, cada una un filo de dolor que me clava al suelo, y mi respiración es un jadeo roto, mi visión un borrón de luz y sombra. La presencia de la reina me aplasta, un peso que no puedo nombrar, como si el mismísimo cielo se hubiera derrumbado sobre mí. Los seres resplandecientes, con sus orejas puntiagudas y sus cuerpos de cristal líquido, form