LOIS
El calor de los gemelos aún parecía quemarme la piel cuando crucé la puerta de habitación de la cabaña, pero en el instante en que vi las caras de mis padres, ese fuego se apagó de inmediato. El aire dentro de la habitación estaba frío, pesado, como si el mundo entero supiera que algo estaba a punto de romperse.
Me había puesto muy feliz de poder verlos, pero ahora sabía que algo estaba sucediendo.
Me quedé allí, parada frente a ellos. Mirarlos era como leer en sus miradas que algo había