EMMANUEL
Había sido por Aidan, lo sabíamos.
Una semana.
Toda una semana pasó sin que Lois despertara. Y, aunque sus heridas habían desaparecido ya, sentía que había algo con ella.
Su olor, repentinamente cambió, no es que me pareciera desconocido, pero sí distinto, variable, tenía unas seis tonalidades y no era yo el único que lo notó, para Ezequiel también fue así.
Ahora que despertaba, sus ojos tenían un color más claro y su expresión más viva que nunca. Como si esa semana sin reaccionar no fu