Una hora lejos de ellos, solo eso y mi mente en lo único que podía pensar era en la mirada un tanto fría de Ezequiel o en los ojos tristes de Emmanuel.
Me fui con el director y ahora estaba en revisión para ver si me encontraba bien.
Me encontraba bien.
El doctor se llamaba Moises, era un hombre moreno, alto y delgado, con una sonrisa de dientes muy blancos.
—Vamos a ver, Lois. Sube a la cama. ¿No eres muy pequeña?—¿y qué tenía eso de malo?—Te haré un par de preguntas rutinarias. No sé por cuan