Ezequiel
Un latigazo me atraviesa el pecho, un tirón que no explica nada pero lo dice todo: Lois está en peligro. Mi corazón se acelera, y miro a Emmanuel, cuyos ojos ya arden con ese brillo dorado que precede a la transformación.
Estamos con papá y los demás en el patio trasero de la casa principal, discutiendo estrategias para rastrear a Aidan, cuando el vínculo con Lois nos golpea como un trueno. No necesitamos palabras. Corremos, nuestros pasos resonando contra la piedra, el aire cortante e