—¿Cómo permitiste que esto pasara? —Raven apartó la mirada, incapaz de verme a los ojos—. ¡Dímelo, Raven! ¿Cómo es que tu reina no está a salvo en este castillo? Te di una sola orden.
Jamás me hubiera apartado de ella. Jamás debí hacerlo. Fui un idiota al no ver que aquellos vampiros atacando a los lobos de una manada cercana a la de Eleanna eran solo una distracción.
Y yo solo caí en la trampa.
—Lo siento...
—No importa qué lo sientas o no. Si la orden es cuidar de tu reina, vas y cuidas a tu reina. Pusiste a tu donante por encima de mi orden.
Mis palabras lo hicieron palidecer, pero no me arrepentí. Estaba cegado por la furia, por la desesperación. Estuve a punto a de abrir nuevamente mi boca y seguir desbordando mi enojo hacia Raven, pero el hermano de Juliette me detuvo al instante.
—Ella lo decidió —habló antes de que pudiera decirle algo—. Juliette decidió ir con ellos para salvarnos a todos.
—Maldita sea —mascullé, sentándome en el sillón.
No podía si quiera respirar a causa de