Donovan
Juliette se levantó de la cama de un salto, dejando que el gran vestido rojo que tan bien le lucía, cayera al suelo con un susurro seductor. La miré, embelesado. No era capaz de apartar los ojos de su cuerpo y tampoco querría hacerlo.
Nunca me consideré a mí mismo como un tipo religioso. Hasta que su piel quedó al desnudo, luciendo tan preciosa que no pude evitar agradecerle a la diosa luna por la vista que tenía ante mí.
Su piel de porcelana quedó expuesta, apenas cubierta por su ropa