Imbécil. Definitivamente estaba tratando con un imbécil.
—Maldito pervertido.
Róo con ganas al escucharme. Fue la primera vez que lo escuchaba reír con ganas, con honestidad. Incluso yo, que solía considerarme una amargada me uní a su risa.
—Veo que estás de buen humor —comentó Justin, llegando a la sala.
Para estar recién levantado, se veía bastante arreglado.
—No realmente —intenté negar, avergonzada—. ¿A dónde vas?
Mi hermano menor me miró con cierto reproche y diversión, como si supiera que