—Juliette —habló mi padre desde la puerta de su habitación.
Se estaba tambaleando, apenas capaz de mantenerse en pie. Su rostro preocupado impactó contra mí, pero esta vez dejé que el enojo invadiera mi cuerpo. Todo el temor, todo el miedo y toda la preocupación que sentí, dejé que fluyera en su contra.
—Eres la peor basura que pudo pisar la tierra —escupí—. Cuando despierte mañana, espero que te hayas esfumado de mi casa.
—Juls —intentó acercarse, pero lo detuve con una mano.
—Se acabó, papá.