—No puedo hacer eso —negué rotundamente—. Incluso si lo que dices es cierto, no puedo asesinarlo. ¿Cómo piensas que sería capaz de decidir sobre la muerte o vida de mi padre así cómo así? Definitivamente estás loco.
Una cosa es que él fuera un maldito infeliz y otra muy diferente era que su vida estuviera en mis manos. Yo solo era una adolescente, por adulta que quisiera mostrarme. No era una asesina, ni un ser insensible. Y él era mi padre. No cualquier persona. No un desconocido.
Sí, mi padre