Obedeció, sin tener nada más que decir. La katana, por más cómoda que se sintiera en mis manos, era inútil porque yo no sabía utilizarla.
Pero la magia sí.
Antes de que tuviera oportunidad de pensar demasiado lo que haría a continuación, uno de los vampiros más jóvenes cruzó la puerta con confianza, listo para beber de mi sangre.
Sin embargo, apenas puso un pie en el lugar, una extraña luz comenzó a brillar desde el piso y mi cuerpo se movió por su cuenta. Con movimientos rápidos y fluidos lleg