El sol se filtraba tímido por las cortinas, bañando la habitación en una luz dorada que parecía querer acariciar cada rincón. Rocío permanecía despierta desde hacía un rato, observando el rostro sereno de Edrián. Dormía con una paz que pocas veces había visto en él.
Así debería verte siempre, pensó. Sin miedo, sin culpas… solo tú, sin el peso del mundo encima.
Se inclinó un poco, acariciando con la yema de los dedos su cabello, delineando el contorno de su rostro. Era una imagen que quería guardar para siempre, porque sabía que en unas horas la realidad los volvería a separar.
Edrián abrió los ojos lentamente, encontrándola con una sonrisa suave.
—Buenos días… —murmuró con voz ronca.
—Buenos días —respondió ella, apenas audible.
Por un momento no dijeron nada. Solo se miraron, como si bastara eso para entender lo que las palabras aún no podían pronunciar.
Él extendió la mano y l