Un segundo disparo cortó el aire como un latigazo.
Valeria dio un respingo en el asiento, con el corazón golpeándole las costillas. Las manos le temblaban tanto que apenas podía sostener el volante. Respiraba entrecortado, cada inhalación un esfuerzo consciente para no desmoronarse.
—Noah... —susurró, con la voz quebrada.
Quería salir corriendo, entrar al almacén, buscarlo, pero sus piernas no respondían. El terror la mantenía clavada al asiento. ¿Y si ya era demasiado tarde? ¿Y si el disparo..