El rumor suave del lago se escuchaba en el fondo, como si el agua intentara acompañar los sollozos de Valeria. Noah podía sentirlos contra su pecho, temblorosos, desacompasados, cada uno hundiéndose en su camisa como si quisiera borrar el dolor con lágrimas.
El aire estaba frío, pero ella ardía entre sus brazos.
Durante un largo rato no dijo nada. Solo la sostuvo, dejando que se desahogara, con la mandíbula apretada y los ojos fijos en la nada. Había pasado demasiado tiempo conteniendo todo, y