Nico regresó al estudio unos minutos después. Noah estaba sentado en el borde de un sofá, sin camisa, con los músculos tensos bajo la luz cálida de la lámpara. Una mujer joven guardaba el material en su maletín; acababa de cubrirle el brazo con un parche que apenas dejaba ver la herida.
—Fue profunda, pero no grave —dijo ella, mientras se ponía de pie—. Ya le expliqué los cuidados. No es nada que no sane en unos días.
—Gracias, Lila —respondió Nico, inclinando la cabeza. Ella asintió y salió en