Valeria se obligó a levantarse, aunque sus piernas parecían de plomo. El corazón le golpeaba tan fuerte que sentía que todos podían escucharlo.
El hombre que la había amado sin juzgar, el que la sacó de las crisis, no existía. Era una fachada que ocultaba a alguien que no conocía.
La sensación de que todo lo vivido había sido una realidad inventada la paralizó. Lo amaba, pero el miedo a amar a un fantasma era más grande que el peligro de la mafia.
Se sentía adormilada, cansada, como si el cuer