Noah respiró hondo, pasando una mano por su cabello, como si intentara apartar el cansancio que lo hundía desde hacía semanas. La mirada de Valeria estaba rota; no era solo furia, era desilusión, un dolor que él mismo había provocado.
—Te voy a explicar todo, Valeria —dijo con voz baja, casi suplicante—. Pero primero necesitas calmarte. Si quieres, te llevo a una habitación a descansar y…
—Noah, quiero saber por qué. Ahora. —Lo interrumpió, la voz temblando, pero sin ceder—. No me pidas pacienc