Valeria no podía dormir. Dio vueltas en la cama hasta que la oscuridad se le hizo insoportable. Se levantó, caminó a la sala y se abrazó a sí misma, como si pudiera detener el frío que venía de adentro.
El aire se sentía pesado, como si la noche se hubiera colado por las ventanas y se hubiese sentado a su lado.
La imagen de Noah con Angélica seguía quemándole la mente. Quería odiarlo. Quería borrarlo. Pero los recuerdos no la dejaban. Sus ojos grises, su cuerpo, sus manos, su risa grave, la for