—¡¿Qué demonios te pasa?! ¿Estás loco? —gruñó Noah, con la sorpresa encendiéndole la sangre.
—¡Lo que estoy es harto! —rugió Nico, y lo empujó contra la pared—. ¿Crees que hago todo esto por diversión? ¿Qué me expongo para que al final me salgas con que no te importa?
Noah lo apartó de un empujón, dejo la botella en el suelo y el choque fue inevitable. Dos hombres fuertes, furiosos, chocando en medio del departamento.
—¡Deja de comportarte como un maldito niño mimado carajo! —le gritó Nico mien