El aire se le atragantó a Valeria, como si de pronto hubiera olvidado cómo respirar.
Angélica sonrió acercándose a Noah hasta rozarlo como si le perteneciera.
—Valeria… ¿qué haces por aquí? —entonó con falsa dulzura.
Noah reaccionó de inmediato, apartando a Angélica con un gesto brusco.
—Basta —gruñó, con el ceño fruncido.
Pero Angélica se acomodó el bolso en el hombro y ladeó la cabeza hacia Valeria, sonriendo como quien sabe más de lo que dice.
Los ojos de Valeria se clavaron en Noah. Un cal