Noah estaba en su departamento, sentado en el borde del sofá, con la cabeza entre las manos. La culpa lo apretaba como un grillete invisible, los números alterados, el juego sucio, la presión de Angélica.
El celular vibró.
Angélica: "¿Estás disponible?"
Era ella otra vez. Noah soltó una carcajada seca, incrédula. Tecleó rápido.
Noah: "Ya hice lo que querías. Déjame en paz. Mañana hablamos."
La respuesta llegó de inmediato.
Angélica: "No me tientes mi querido Alessandro."
Noah maldijo para sus