Noah aún la sostenía dentro de su abrazo cuando, sin soltarla, se incorporó en la cama y se apoyó contra el espaldar. La acomodó sobre él, con las piernas de Valeria rodeando su cintura, como si no pudiera permitirse la distancia.
Ella se dejó llevar, aun temblando ligeramente, con la frente apoyada en la curva de su cuello, los latidos de ambos resonando al unísono.
—Eso fue… diferente —murmuró ella, alzando el rostro para mirarlo, con una mezcla de asombro y vulnerabilidad—. Fue tan intenso