Noah se quedó inmóvil. Tenía los hombros rígidos, los puños cerrados.
—Mierda. — pensó
Había dicho más de lo que debía. El estrés, el cansancio, la presión… todo lo estaba ahogando, y lo peor era que casi se pone en evidencia.
Respiró hondo, cerró los ojos un instante, como si buscara aferrarse a algo que lo mantuviera de pie.
—Lo siento —dijo al fin, la voz baja y áspera—. Estamos agotados, Valeria. Yo…
Ella lo miraba fija, atrapada en esos ojos grises que parecían atravesarla con la misma fue