Valeria se despertó con la luz gris filtrándose por las cortinas. Un silencio extraño reinaba en el apartamento, roto apenas por el sonido de una cremallera. Se incorporó lentamente, sintiendo aún la incomodidad de la noche anterior. Emilio estaba frente al espejo, abrochándose la camisa.
—¿Te desperté? —preguntó, sin dejar de acomodarse el cuello.
—No. —respondió ella con voz plana.
Él suspiró, sentándose en el borde de la cama, miró sus manos
—Sé que anoche fui brusco. Estaba… pasado de trag