El aire acondicionado del avión zumbaba con un sonido monótono que Alessandro sentía vibrar en sus huesos. Llevaba las muñecas esposadas al reposabrazos del asiento, con un agente de Interpol a cada lado. Uno leía un periódico en italiano, el otro miraba por la ventanilla con expresión aburrida.
Alessandro cerró los ojos, tratando de bloquear el roce constante del metal contra su piel.
Valeria contra su pecho. Sus manos temblando. Sus ojos ámbar mirándolo con una intensidad que lo atravesaba.
A