El atardecer filtraba una luz naranja que teñĂa de fuego las copas de los ĂĄrboles. AilĂ©n se encontraba de pie frente al lago, ese espejo de agua que parecĂa conocer mĂĄs de ella que su propia memoria. Cada dĂa sentĂa mĂĄs vĂvido ese murmullo interior que no sabĂa si era su conciencia, su pasado... o algo mĂĄs oscuro.
Kaor la observaba desde la distancia. Sus ojos seguĂan la forma delicada de su figura, pero tambiĂ©n habĂa algo distinto en Ă©l. Desde que cargaba con el artefacto recuperado en la grie