El silencio entre nosotros se sentía cálido ahora. No como una pausa tensa, sino como un espacio seguro, como cuando dos ingredientes diferentes se funden y crean algo nuevo.
Aleksander me sostenía por la cintura, su frente apoyada en la mía, los ojos cerrados.
Su respiración era lenta, profunda. Sus labios estaban tan cerca que sentía el leve roce cada vez que inhalaba.
—Te amo —susurró, con una voz que me estremeció hasta los dedos.
Levanté la mirada y lo encontré ahí, abierto, vulnerable, ta