CAPÍTULO — FALTA UN MES
Los días siguientes al almuerzo en casa de Fabián Castell transcurrieron con una calma tan extraña que parecía prestada. Ayden cumplía cada cláusula del contrato con rigurosidad casi quirúrgica, como si en cada acción intentara demostrarle a Milagros —y al mundo entero— que ya no era el muchacho perdido que alguna vez fue. Llegaba temprano, trabajaba concentrado, evitaba provocaciones, mantenía la oficina impecable y, sin que nadie se lo pidiera, pasaba por la cafetería