CAPÍTULO — Donde Nace un Padre y una Madre
Las primeras horas fueron de rezos compartidos, miedos silenciosos y una esperanza que nadie se animaba a nombrar en voz alta. El tiempo parecía haberse detenido en ese pasillo donde las miradas se cruzaban sin necesidad de palabras, donde cada segundo pesaba más que el anterior.
Ayden fue el primero en ir a verlos.
No porque quisiera adelantarse a nadie, ni por ansiedad, ni por privilegio. Fue porque alguien tenía que ir primero… y sin saber bien cómo, supo que ese alguien era él.
Había querido ir con Milagros, pero ella estaba paralizada de la cintura para abajo por la epidural y se había quedado dormida después de un calmante. Su cuerpo necesitaba descansar. Su alma también. Ayden la miró unos segundos antes de salir, como si al hacerlo estuviera dejando algo de sí junto a ella, y luego siguió a la doctora por el pasillo.
Los abuelos esperaban afuera. Sofía, esa noche, no era médica. Era abuela. Y eso lo cambiaba todo.
El sector