CAPÍTULO — El Legado y el Silencio
El día que Ayden asumió oficialmente la presidencia del Castell Group, Ariel y Evan tenían seis meses recién cumplidos.
No eran bebés frágiles ya.
Eran fuertes, curiosos, llenos de vida.
Se criaban preciosos.
Todavía no habían podido bautizarlos. No por falta de deseo, sino por la vida misma, que a veces exige esperar. Martina y Elián no podían viajar. Elián había tenido una recaída y había debido ser operado de urgencia una vez más. Su corazón —ese que siempre había sido una batalla— volvía a pedir cuidado, paciencia, tiempo.
Martina no estaba bien. Sufría por su esposo y como madre trataba de estar fuerte y como médica luchaba ,aprendía y curaba los corazones rotos y el de su esposo lo remendaba porque el no quería transplante. Eran cosas que podían pasar, sí, pero dolían igual.
Ayden y Milagros lo entendían. No había apuro.
—Si hay que bautizarlos con diez años, se los bautiza con diez —había dicho Milagros una noche—. Lo importante es que