Capitulo —Ariel y Evan
Los nombres no llegaron de una lista larga.
Ni de una discusión sobre cuál elegía la madre y cuál el padre.
Llegaron en una noche muy especial.
Fue en Navidad, en la casa de los Saavedra, cuando el ruido de la mesa ya se había ido apagando y quedaban solo las voces bajas, el tintinear de las copas y esa calma rara que aparece cuando la familia está junta y nada falta.
Después del brindis, cuando todos se fueron dispersando, Ayden y Milagros quedaron acostados en la habitación de ella, en Maldonado. Era su cuarto de siempre, pequeño, con recuerdos que sobrevivían al tiempo. No quiso dormir en la habitación de sus padres. Esa noche, Milagros quería volver a su juventud sin arrastrar tristezas, quedarse en el lugar donde había sido feliz.
Las luces estaban bajas. El corazón, todavía tibio de tanto amor compartido.
—¿Te acordás la primera vez que te quedaste acá? —dijo Milagros, sonriendo—. Dormimos con Zoé y Mía en este dormitorio.
Ayden rió bajito.
—Sí… fu