CAPÍTULO — Cuando la Vida se Adelanta
Era media tarde todavía en el apartamento donde seguían viviendo Ayden y Milagros.
La casa nueva los esperaba, sí, impecable y lista, pero habían tomado una decisión importante: querían entrar por primera vez allí cuando los bebés ya hubieran nacido, cuando pudieran cruzar esa puerta como una familia completa. Ese lugar aún no era hogar… el hogar seguía siendo ese departamento lleno de recuerdos, risas, discusiones pequeñas y sueños compartidos.
El sol entraba por las ventanas abiertas cuando terminaron de despedirse de Mía.
Ayden cerró la puerta despacio, como si no quisiera romper ese instante que había estado cargado de orgullo y nostalgia a la vez. Su hermana se iba lejos, a perfeccionarse, a crecer, a cumplir un sueño que se había ganado sola. Y aunque dolía, también era una alegría profunda.
—Va a estar bien —dijo Milagros, acariciándose la panza con ese gesto ya tan suyo—. Tiene que hacerlo. Vos también lo hiciste en su momento.
Ayden