Cerró la puerta tras de sí.
La luz en el estudio era lúgubre; solo una lámpara de escritorio brillaba junto a Diego.
La luz se proyectaba sobre su perfil, haciendo que sus facciones lucieran aún más duras y gélidas.
Natalia se quedó de pie frente a él.
Diego alzó la mano y le lanzó dos bolsas herméticas.
Las bolsas la golpearon antes de caer al suelo.
Natalia bajó la vista.
Una contenía una taza de café; la otra, un informe de laboratorio.
No se molestó en recogerlas, pero ya tenía una ide