A veces, Natalia tenía que reconocerlo: admiraba la lengua de Camila.
Era capaz de convertir lo negro en blanco, de invertir la verdad sin pestañear.
Le parecía hasta ridículo.
Pero Diego sí le había dado peso a esas palabras.
Tenía razón, pensó él.
¿Por qué Natalia no intervino antes?
¿Por qué solo apareció cuando Isaac ya estaba perdiendo?
—Vaya coordinación la de ustedes dos —dijo Diego, pasando el pulgar por la herida en su mejilla. Tenía la cabeza ligeramente inclinada, pero la mirada alzad