En público, Sebastián y Camila no tenían relación alguna.
En privado, Sebastián llevaba tiempo deseándola.
Y además, sostenía el mayor secreto de Camila entre sus manos.
Por ahora, ella no tenía opción más que obedecer.
Al observar la expresión de Sebastián, Camila pensó que aquella noche había cumplido perfectamente su parte.
Lo que no entendía era cuál era su verdadero juego.
—¿Desde cuándo mis asuntos te competen? —dijo Diego con frialdad.
—No es eso —respondió Sebastián—. Si sigues aparecien