—Había tomado —intentó explicar Natalia—. No estaba en sus cinco sentidos, él… él…
Pero las palabras sonaron débiles, casi ridículas.
En el fondo, lo que Natalia quería decir era otra cosa:
Diego, ¿acaso no merecías ese golpe?
Bien dado. Lo pensó.
Y se lo tragó.
No podía empeorar la situación.
Provocar a Diego solo traería consecuencias.
Isaac emitía un gemido ahogado. No lograba respirar. Sus labios ya se habían tornado morados.
—¡Diego! —gritó Natalia—. ¡Si sigues así, lo vas a matar!
Diego no