Capítulo 86
¿Dolía?

Sí, dolía.

Pero ese dolor físico no era nada comparado con la herida sangrante en su corazón; una herida que Diego ya se había encargado de despedazar, tajo a tajo, durante cinco largos años.

Por eso, este pequeño rasguño no significaba nada para ella.

—¿Crees que por tener el apoyo de la abuela puedes hacer lo que te plazca frente a mí, sin ningún límite? —La furia emanaba de cada gesto de Diego—. ¡Natalia, he sido demasiado indulgente contigo!

Natalia soltó una carcajada gélida.

¿Él,
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