Salvo que Natalia no podía beber.
Isaac tomó bastante por ella y terminó algo mareado, con esa sonrisa floja de quien ya siente el alcohol en la sangre.
Al levantarse al final de la cena, su cuerpo se tambaleó.
—Estás borracho, Isaac —dijo Natalia—. Despacio, te sostengo.
—¿Borracho? Para nada. Todavía aguanto. ¿Qué son estas copitas? Me tomo otra botella y ni lo siento.
—Ya nadie va a seguir bebiendo contigo. Se acabó. Vámonos a casa.
Natalia lo sostuvo del brazo y caminaron hacia la salida del